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martes, 23 de mayo de 2017

MITOS Y LEYENDAS.

                                             EL DUENDE

El duende es un ser sobrenatural con figura de niño, un poco regordete, de tez blanca, sonrisa amable, fresco, de ojos azules, pequeño, muy pequeño, de todos modos agradable. Sobre su cabeza siempre lleva un sombrero cónico de ala ancha. Él vive en las chorreras o donde el Arco Iris anda echando su maleficio. Es un caminante que vaga por las montañas y repasa los riachuelos y quebradas una y otra vez.
Cuando quiere hacer de las suyas, se dedica a cantar. Parece que su extraño y fino canto ejerce una poderosa atracción, y con él llama a las niñas que apenas alcanzan a sobrepasar la primera decena de años, las seduce con su magia irresistible y, una vez las tiene enduendadas, se satisface con chuparles los senos. Casi siempre, el duende es el responsable de que pasen cosas raras en casa de los niños que quiere llevarse consigo.
A veces tira terrones en la sopa o hace que aparezcan muertas las vacas y gallinas o se orina en los patios; hace desaparecer las totumas, las ollas; enciende los tizones. Es el culpable de que vuelen asustados los pájaros, que los días amanezcan lluviosos y que el aire se vuelva espeso. También entre otras  de sus tantas travesuras, está la de hacer que la ropa de los pequeños aparezca cortada y sin mangas. Todo esto pasa con anterioridad a su aparición. Y es que él merodea para que el niño o la niña salgan e incitarlos con atractivos, engaños, golosinas o juguetes.
Por lo general, el duende se enamora de los niños y hace hasta lo imposible para que caigan en sus redes, de las diferentes maneras que se han mencionado. Con alguna logra que  ellos se aparten de sus hogares y lo sigan hasta sus dominios. Si le agradan, los mantiene definitivamente junto a él y, con el tiempo los convierte en duendes. Si por alguna razón el niño que se ha llevado ya no le sirve para sus fines, lo abandona; de allí que muchos infantes desaparecen por varios días y son encontrados solitarios y enfermos, perdidos, vagando por las orillas de los ríos o en la espesura de los bosques.
Ante los numerosos casos que se presentan y se siguen presentando, el saber popular anuncia sus modos para ahuyentar al Duende: si se lo descubre a tiempo, se advierte a los niños que se cuiden de andar solos por los riachuelos y que por si acaso se les llegara a aparecer este ser, procuren hacer como si estuvieran comiendo tierra o que realicen alguna acción que haga pensar que son sucios; de ésta manera, parece que el peligro que se corre de ser llevado por el Duende es menor.



tomado de: mitos y leyendas de samaniego para leer en compañía ( pag. 67 )


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